Quito, hábitat silvestre
collage

Las flores quiteñas

Entre los tesoros del patrimonio natural quiteño encontramos una cantidad de flores que se hace difícil enumerar. Son tantas que les hemos ido perdiendo el rastro y van dejando de ser comunes porque los parques y jardines han preferido relegarlas para cultivar otras que vienen de geografías exóticas que son supuestamente más bonitas. No se va a poder enumerar a todas, pero a través de este espacio se pone en evidencia, al menos una parte, de esa gran variedad y mostrar gráficamente que la estética de nuestras flores es maravillosa.

Macetas, balcones, jardines, parques y cerramientos vivos se embellecen con las flores nativas. Potreros enteros pueden remplazar la simpleza del pasto con espigas de ashpa chocho y zapatitos así como racimos de allpa coral. Hierbas pequeñas como la salvia quiteña, ñukchu no ncesitan más que una maceta para llenarse de flores fucsias. Hay muchas orquídeas en Quito, pero entre ellas la maihua es la más típica, creciendo por si sola entre techos de teja y ramas de árboles. Esa es la mayor virtud de las flores quiteñas, crecen en cualquier lado como malyerba,  pero ese calificativo es mezquino y en realidad hay razones para enorgullecernos de que en Quito crezcan un montón de malayerbas (o buenas hierbas). Taxos, uvillas, zarcillos, guabas, quishuares, sigses y capulies forman cercas naturales llenas de color para hacer una ciudad más amigable con la vida.

No hay que olvidar guantos alucinógenos que con sus flores que alimentan colibríes frenéticos, flores de Achera –atchira– que adoranan los parterres de nuestras vías. Guarangos de flor blanca que son los únicos que se atreven a cuidar las laderas erosionadas. Estas flores además resultan ser vitales para un montón de animales que ya casi no encuentras alimento en la ciudad.

Además de brindarnos un recurso estético, las flores quiteñas son parte del patrimonio cultural de la ciudad, la relación que hemos desarrollado con la riqueza biológica es grande. Una colada morada típica debe llevar el color, olor y sabor de las flores de ataco o sangorache. El atado de hierbas debe incluir hoja de arrayán como complemento de especería.  Los ingredientes principales incluyen la mora quiteña, la más rica y jugosa de las moras, a la que erróneamente se llama mora de castilla. A estas flores y frutos se les suma el chamburo típico quiteño, pariente andino de los babacos. Y finalmente, el mortiño que viene de más arriba de Quito, en el camino al páramo.

Las flores quiteñas solo requieren que les demos la oportunidad,  por haber vivido siempre en estos territorios están completamente adaptados al suelo y clima quiteño y no requieren mantenimiento, ni suministro de agua y crecen espontáneamente voluptuosas para adornar los colores de la ciudad.

Martín R. Bustamante, Finding Species

Esta entrada se publicó el enero 31, 2012 en 4:41 pm y se archivó dentro de Especies de Quito. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

2 pensamientos en “Las flores quiteñas

  1. Muy interesante la información, deberíamos conocer más sobre el tema, incluso para que nos resulte más fácil cuidar los jardines.

    • Estimada Tati. Es importante que empecemos a fortalecer la relación con las plantas nativas, solo así podremos gestionar de mejor manera el espacio público, las áreas verdes y nuestro patrimonio natural

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