Quito, hábitat silvestre

La montaña luminosa

La extensa llanura de los valles de Tumbaco y Los Chillos se interrumpe por el Ilaló, un antiguo volcán que ahora está apagado y del cual todavía se puede ver lo que fue su última caldera, justo frente a Guangopolo. El Ilaló ha sido testigo del cambio del paisaje al ver cómose levantó la Cordillera Oriental en sus alrededores con picos prominentes como el Cayambe, Cerro Puntas, Antisana, Pasochoa, Rumiñahui, Sincholagua y Cotopaxi.

Cuna ancestral

El monte fue hogar de pobladores prehistóricos hace unos 8.000 a10.000 años, quienes vivieron recolectando frutos y raíces para alimentarse y cazaron mastodontes que abundaban en la zona por ese entonces. De esto quedan restos arqueológicos documentados como el mastodonte de Alangasí, las puntas de lanza hechas de piedra y otras herramientas fabricadas con las abundantes obsidianas del Ilaló.

El florecimiento de la agricultura y el establecimiento de sociedades en las faldas del mismo volcán determinaron desde hace miles de años que el Ilaló se convirtiera en un lugar de importancia cultural que marcó la historia de esos pueblos.

Herederos de esa tradición quitu-cara son las poblaciones de Tumbaco, Cumbayá, Lumbisí, Guangopolo, El Tingo, La Merced y Alangasí; así como las comunas de Tola Chica, Tola Grande y La Toglla, Leopoldo Chávez, entre otros sectores y barrios rurales. De esas épocas remotas proviene el nombre de montaña luminosa.

 Hogar vegetal

El Ilaló es hoy parte de un paisaje complejo modelado a lo largo de la historia, en el cual se alternan quebradas con vegetación natural, riachuelos y múltiples sistemas productivos que incluyen maíz, habas, fréjol, cebada y unos pocos tubérculos andinos. También hay pastizales para ganado y grandes extensiones con plantaciones de eucaliptos.

Además, está poblado por diversas aves como carpinteros, tangaras y colibríes; chucuris, raposas, ranitas y plantas nativas de estos parajes. Entre los emblemas naturales de la montaña luminosa está el árbol de huila, una de las variedades de arrayán de los valles interandinos (Myrcianthes rhopaloides) que se mantiene en pie en varios sectores del cerro, como la quebrada de Huilacucho. Los pobladores locales usan sus hojas y frutos para tratamientos de medicina tradicional.

 Balnearios y chaquiñanes

Del monte también brotan aguas termales que alimentan los balnearios de El Tingo, La Merced y Cununyacu, a los que las familias quiteñas atribuimos propiedades curativas y acudimos a ellos los fines de semana en busca de recreación, en medio de un paisaje distinto con clima benigno. De la misma manera, ciclistas de montaña y caminantes visitan sus chaquiñanes y caminos para practicar deporte y mejorar su salud física y espiritual.

Bosque de Vegetación Protectora Ilaló

Hoy como antes, la montaña luminosa mira cómo cambian los valles: en los últimos treinta años atestiguó cómo Quito fue absorbiendo a los potreros y cultivos del valle y de las faldas del volcán, con modernas urbanizaciones que cada día están más cerca del Ilaló, obligándonos a pensar en un nuevo uso del suelo en las faldas del volcán.

Por ello, y considerando el valor ecológico, cultural e histórico de esta elevación, el Municipio del

Distrito Metropolitano de Quito ha planteado la creación del Área de Protección Ecológica o Bosque de Vegetación Protectora Ilaló, que suma, entre el área protegida y su zona de amortiguamiento, unas 4.000 ha. De esta manera, en el Ilaló las actividades están reguladas a través de un plan de manejo que permite a sus habitantes la práctica de actividades tradicionales, pero no la construcción de nuevas edificaciones ni urbanizaciones. Hay que resaltar que el plan de manejo crea un cinturón de protección que alcanza los 2.600 metros de altitud. Sobre esta demarcación no se puede hacer ningún uso del suelo que atente contra las condiciones naturales del área.

El Ilaló se convierte ahora en un vínculo de unidad. Quienes lo rodeamos estamos preocupados porque su futuro sea mejor, queremos conocerlo y respetarlo, cuidar sus bosques y quebradas, restaurar la zonas degradadas y protegerlo de los incendios que lo han amenazado.

Todos nos sumamos para garantizar que el Ilaló siga su historia y el entorno siga siendo favorable para todos los que vengan.

Martín Bustamente, Finding Species

Esta entrada se publicó el abril 17, 2012 en 6:52 pm y se archivó dentro de Hábitat de Quito. Añadir a marcadores el enlace permanente. Sigue todos los comentarios aquí gracias a la fuente RSS para esta entrada.

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